Andulereando por Kirguistán. Primera parte

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El día que el gran Álex Galán publicó que tenía recién sacado del horno su próxima aventura creo que no tardé ni cinco minutos en  reservar la plaza, el título era algo así como “En busca del fantasma de las nieves” y tocaba volver a Kirguistán, qué remedio! Arriesgar nuestras acomodadas y fascinantes vidas rutinarias para volver a ese país que nadie sabe donde está y lo peor, que encima está en guerra! Según dice la mayoría…Qué miedo!

Llegando al aeropuerto, justo antes de despegar, tuvimos una entrevista en el programa “El sol sale por el Oeste” de Canal Extremadura Radio en el que contamos lo que pensábamos que nos depararía la aventura y también sobre los proyectos y documentales en los que Álex había trabajado. (Publicada en la sección Medios del blog)

Pues para dos cosas que tenía que haber hecho bien…resulta que me había equivocado de vuelo hasta Turquía y salí a las 12 de la mañana en lugar de salir a las 6 con el resto de expedición, y dando gracias, porque casi lo pierdo, hubo un malentendido con la documentación de las vacunas y como no me hiciera una PCR de urgencia no podría volar…o sea que corriendo a un laboratorio en el pasillo porque estaba al límite del tiempo y 150 euros de estacazo, a los 40 minutos ya tenías el resultado, justo el tiempo que tardé en poner la reclamación a la vuelta para que lo devuelvan porque el desconocimiento de la documentación de los trabajadores de Turkish Airlines, en este caso no es un problema que haya que trasladar a los viajeros.

¿Y si no me dejan volar después haberlo contado todo en la entrevista en la radio? Menuda desazón!

Pues así empezó el viaje, con acción y tensión sin ni siquiera haber salido del país.

Una vez todos juntos ya en el  aeropuerto de Estambul pusimos rumbo a Bishkek donde aterrizamos con un panorama totalmente blanco y temperaturas varios grados bajo cero.

Allí nos esperaba nuestro guía Mikel, que lleva viviendo en Kirguistán 4 años y gran parte de ellos se ha dedicado a explorar algunos de los lugares más remotos del país, entre ellos nuestro destino, donde casi ningún occidental había pisado.

Torre de Burana.

Las dos primeras noches las íbamos a pasar en el Parque Nacional de Chon Kemin, a unos 150 kms al sur de la capital pero antes hicimos una parada en la Torre de Burana, es un antiguo minarete que data de la ruta de la seda, Kirguistán fue cruce de caminos y justamente este edificio servía entre otras cosas para orientar las caravanas que viajaban desde China y la India a Europa, me lo imagino de noche con fuego en la parte más alta haciendo de faro.

Justamente en ese lugar hay un pequeño museo con restos arqueológicos y una zona de petroglifos, inscripciones en roca.

Mientras estábamos allí de repente tuvimos la suerte de ver a un grupo de autóctonos que venían como locos a galope y traían el cadáver de una cabra, se disponían a celebrar un partido de Kok-boru, el deporte nacional, dos equipos compiten entre sí para arrojar el cuerpo de la cabra en un agujero cuando lo consiguen cuenta como si hubieran marcado un gol, el caso es que pensábamos que estarían en un campo cercano y el plan era ir a animarlos y grabarlos con el dron pero después de estar un buen rato dando vueltas no conseguimos localizarlos  porque se pusieron a jugar a otro tipo Kok-boru más extremo aún en el que no hay campo ni equipos, juegan individual, todos contra todos, se llama Ulak-Tartish.

Me consta que en el sur del país por la zona de Osh hay una competición anual en Enero en la que participan más de 5000 jinetes llegados de todos los puntos de Kirguistán, es todo un espectáculo y el ganador creo que se lleva un coche.

Foto de @Arqueshoot. Jinete con el cadáver de la cabra.

Esa tarde-noche llegamos al alojamiento y tuvimos la visita de los Rangers, antiguos cazadores furtivos que actualmente trabajan en el parque y nos estuvieron contando su experiencia de cómo ahora son los encargados de proteger los animales en lugar de cazarlos y comercializar con ellos.

También tuvimos una pequeña introducción de una organización llamada Ilbirs que se encarga, entre otras muchas cuestiones de flora y fauna, de la protección y estudio del leopardo de las nieves.

Rangers del parque nacional y trabajadores de la asociación Ilbirs.

El día siguiente prometía…nos levantamos antes de que fuera de día y el plan era subir al amanecer a las montañas que rodeaban la cabaña, para entrar en calor nada mejor que un trago del aguardiente que me llevé…incluso los autóctonos lo probaron y aunque están acostumbrados al Vodka a uno de ellos los ojos achinados se le abrieron como a un mochuelo de noche cazando ratones del remecijón que pegó cuando pegó el lingotazo.

Este panorama era el de la subida con los primeros rayos de sol.
Al fondo Kazajistán y el valle de Chon Kemin.

El caso es que teníamos una ruta a caballo varias horas, subiendo hasta más de 2500 metros de altitud, con nieve, hielo… y frío, mucho frío.

Había sitios en los que los caballos se hundían hasta la barriga de la nieve que había y lo que para nosotros podía parecer una salvajada para los autóctonos no dejaba de ser otro día de rutina o sea que…menos mal que también mi compañero Gummo había echado la botella de coñac del bueno en la mochila! Calefacción natural y ecológica.

Ascendiendo a más de 2500 metros en los caballos.

La verdad que tuvimos suerte con el tiempo, a pesar del frío no hacía viento y una vez que el sol empezó a levantar se estaba hasta agusto.

En lo alto de la montaña el día estaba tan claro y soleado que se divisaba toda la inmensidad el valle con sus pueblos y  la frontera Kazaja.

El gran Mikel.

Por la tarde continuamos con la charla de la asociación en la que nos contaron más detalladamente cada uno de los objetivos  y proyectos en los que estaban trabajando.

El tercer día tocaba transición, ruta desde Chon Kemin por el lado norte del lago Issyk-Kul hasta Karakol, casi cinco horas de decauve en la que nos dio tiempo a hacer varias paradas y degustar las muchas de las cervezas de Kirguistán, en mi caso sabía del viaje anterior que la que más me gustaba, la botella verde de 2 litros, ergonómica a más no poder y que traía una bolsina de cacahuetes, pero se comprende que ahora con lo del  Covid recortaron gastos y ya no la traía…pero vamos, que estaban todas bien buenas, además de baratas.

Gummo cargado como buen asturiano imitando un caballo de arrastre asturcón.

Amanecimos en Karakol con algo de resaca algunos, otros más frescos que la temperatura que hacía en el exterior…y la historia ya se empezaba a poner interesante, se acabaron las tonterías, las duchas, los wáteres, la cobertura, cambiamos de vehículos, un camioncillo Mercedes como el de los gitanos que venden fruta en el mercadillo y dos todoterrenos, guardamos los bártulos, sacos de dormir, comida y hacia lo salvaje, esa noche teníamos que llegar a la cabaña de nuestro guía Jaidar, cruzando un paso de montaña de más de 4000 metros en el que casi ni se distinguía el camino pero como la aventura es la aventura a la media hora empezó a sonar un ruido raro, como no! pinchamos una rueda del camioncillo cuando se suponía que la carretera todavía era carretera así que Jaidar avisó por la emisora al resto de la expedición y en menos de diez minutos teníamos el vehículo listo para la competición de nuevo.

El destino donde íbamos no aparece ni en Google, que lo sabe todo, el valle de Kaindy, cruzando el último núcleo de población como tal, una antigua ciudad casi abandonada que tuvo su esplendor durante la época soviética por las minas de wolframio y otros minerales, actualmente parece una ciudad fantasma y solo viven alrededor de 40 familias, se trata de Enilchek, a partir de ese punto era ya como el fin del mundo, sólo alguna cabaña en medio de las montañas y nuestro destino, la penúltima de todas, solo encima había 2, la última habitada por un autóctono que tenía una manada de yaks y que pasaba meses sin ver a nadie, rozando la locura, por la noche cuando los lobos le rondaban la cabaña salía a enfrentarse a ellos en plena noche, borracho y semidesnudo, a gritos, rozando el delirio y la locura (gracias Mikel por contarme estas historias)

Pero no todo iba a ser fácil, para poder llegar había que llevar un permiso especial que previamente habían solicitado, el hecho de que Jaidar y su hermano Baja fueran militares facilitó la tarea, una vez superada la burocracia nos adentramos por cañones, apreturas, lagos alpinos y llegamos a un punto en el que se abría el camino y se podía ver la inmensidad de las montañas Tian Shan, ahí fue donde decidí volar el dron, con tanta emoción que según iba grabando marcha atrás, tracatrá, trompazo contra los canchos!

La última foto que hizo el dron antes de estrellarse contra los canchos. Mereció la pena.

Al no haber cobertura ni conexión a internet el buscador no funciona, estuvimos cosa de hora y pico dando vueltas sin éxito, hasta que enseñé los últimos segundos que había grabado a los autóctonos, pues bien, sólo con esa información activaron su GPS natural de supervivencia y se encaramaron los canchales arriba, que si no tenían 50 metros… el caso, que después de tanto tiempo dando vueltas yo ya no quería retrasar más el viaje y tener a más de 12 personas esperando por el dron, justo cuando le pegué la ultima voz a Jaidar y a Baja que se bajaran, les decía(en inglés): Baja baja! Baja baja pabajo, bajaisus pabajo y que le den al dron…cuando de repente levantan el brazo y zas! una especie de araña gris… ahí estaba! Lo habían encontrado! Sin tecnología, sin nada, solo guiados por el instinto y la última imagen del móvil, por la forma de los canchos y la orientación del choque contra el cancho!

Yo no sabía donde meterme, ni me lo podía creer.

Parece ser que Jaidar le prometió a Álex dar con él, sus palabras fueron:

Soy explorador, soy guía, he sido cazador y ese dron aparece!

Y vamos que si apareció!!!

Enilchek, pueblo fantasma.
Entrada a Enilchek, último pueblo del valle.

Después la cosa no acabó, aparte del pinchazo y del trompazo del dron tuvimos otro altercado, un rio congelado cruzaba el camino y había una placa de hielo de al menos 20 metros de largo, encima en pendiente cuesta abajo, es decir que si pasabas y patinaba el coche corrías el riesgo de caer resbalando por el barranco.

Check point de control de pasaportes controlado por militares.

Lo que estaba claro es que no nos íbamos a dar la vuelta y tampoco es que estuviéramos muy asustados, sabíamos que nuestros guías estaban acostumbrados a este tipo de situaciones y a pesar de ir de sabidiques intelectuales a darlos soluciones desde nuestra ignorancia occidental ellos a lo suyo, en silencio y coordinados cada uno y al menos yo me dí cuenta que lo que había que hacer es dejarlos trabajar y chitón.

Nos bajamos de los coches y Jaidar dio la vuelta, no sabemos dónde pero se fue, apareció a la media hora aproximadamente con varios sacos de tierra, casi seguro que fue a la cabaña más cercana valle abajo porque allí no había más opciones entonces esparramaron la tierra por toda la placa de hielo por la zona calculando la pisada de las ruedas, y otra prueba superada! los coches pasaron sin problema, ni medio centímetro patinaron.

Dos horas más tarde y ya casi de noche llegamos a nuestro destino en pleno valle donde nos tenían un alojamiento de lo más lujoso, un vagón de autobús reconvertido en suite presidencial, 2 habitaciones con literas y en medio una estufa, luces de led y vistas, pero qué vistas!!

Continuará…

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