Sri Lanka (parte 1): Sigiriya, Pidurangala y elefantes

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Son las 5 de la mañana y acabo de aterrizar en el aeropuerto de Bandaranaike, 40 kms al norte de Colombo, capital de Sri Lanka. Después de cambiar euros por rupias y comprar una tarjeta SIM contrato un Uber que me traslada a Fort Station donde una hora después debería tomar un tren con destino Habarana, una localidad en el centro-norte de la isla y cercana a la zona donde pasaría los 2 próximos días.

Al no llegar a tiempo y perder el tren, el siguiente era casi 4 horas después, decidí cambiar el plan y coger un autobús, la estación está justo al lado, que me llevaría hasta Dambulla y de ahí un tuc tuc al que pagué 1200 LKR que me dejó en mi alojamiento.

Llevaba 12 horas de vuelo más las 2 de escala en Abu Dhabi, añadidos a las 5 en carretera desde Colombo en un autobús de los años 70 sin aire acondicionado, con la mochila encima de mis rodillas, imposible poder dormir porque la velocidad a la que conducía parecía que estábamos en una competición, los frenazos, las cientos de paradas, gente de pie en el pasillo, los bocinazos etc…menuda paliza!!!

Pero por fin llegué a destino y la aventura comenzaba, Sri Lanka en todo su esplendor! Sigiriya, una de las maravillas del mundo y considerado patrimonio de la humanidad se divisaba levantada sobre la selva a menos de un km de distancia.

Sigiriya a vista de drone desde los jardines exteriores.
Vista aérea de Sigiriya y los restos arqueológicos.

Sin saberlo y en un golpe de suerte puedo decir que la elección que hice del alojamiento marcaría para bien el resto del viaje, La Dolce Vita era su nombre la Dolce Vita  y en eso precisamente se convirtió el resto de mis vacaciones gracias a ellos.

El hotel, situado al lado de la carretera principal que lleva a Sigiriya ofrece un servicio y una atención excepcional, el jardín, la comida, las habitaciones, la relación calidad precio, los desayunos memorables y lo mejor, los encargados de regentarlos, que en todo momento estuvieron preocupados y atentos a cualquier duda o sugerencia.

El plan al llegar era dejar la mochila y subir a Sigiriya que se encuentra a poco más de un km de paseo cruzando el pueblo con restaurantes, tiendas para turistas y una vez dentro del complejo poder disfrutar de los canales con flores de loto, los jardines, los animales, monos, aves, iguanas, y hasta cocodrilos, aunque yo no pude verlos.

Monos autóctonos de Sri Lanka, los verdaderos dueños de Sigiriya.
Iguana rondando en los jardines que rodean Sigiriya.
Detalle de la subida, escolares con el típico uniforme blanco.

La entrada cuesta alrededor de 30 euros y te da derecho a acceder al museo y subir a la roca, la verdad es que lo tienen todo excepcionalmente limpio y cuidado, los restos arqueológicos que vas encontrando por el camino ya te van dando una idea de lo que vas a encontrar posteriormente.

Aunque no conté las escaleras…por lo que leí son alrededor de 1200, la ascensión se recomienda evitar los fines de semana ya que la afluencia de turistas tanto locales como extranjeros y de escolares es muy alta, así como hacerla a primera hora de la mañana o de la tarde, ya que en las horas medias del día hace muchísimo calor, llevar calzado cómodo y agua porque realmente se sufre un poco… pero merece mucho la pena ya que a lo largo del camino también vas entretenido con las sorpresas que te encuentras.

Las garras del león, Sigiriya es conocida también como Lion´s Rock.
Detalle de la entrada de una de las puertas en la que aparecen las garras del león.

Una vez arriba, la recompensa! Recorrer los restos del antiguo palacio, la piscina y disfrutar con vistas son increíbles alrededor de toda la roca…y lo que te llama la atención es que justo al lado hay otra roca similar…Pidurangala que te invita a escalar de nuevo…pero eso lo cuento después.

Vistas de Pidurangala rock desde lo alto de Sigiriya.

A mi vuelta a la Dolce Vita concreté el plan para el día siguiente, me reservaron safari de elefantes en uno de los parques nacionales cercanos, dependiendo de la época del año y de las condiciones climatológicas los guías te llevan a uno u otro, los 2 más famosos son Minneriya y Kaudulla, el precio ronda los 30 euros, a las 8 de la mañana, después de un magnífico desayuno con té, café, tostadas, zumo, fruta me estaba esperando el conductor en un jeep adaptado y durante las siguientes 4 horas me llevó a recorrer uno de los parques en los que pudimos encontrar aparte de los elefantes otros muchos animales en libertad, fue increíble ya que tuve el coche y el conductor exclusivamente para mí porque nadie más había reservado, si a eso le añades que a primera hora de la mañana en los parques tampoco hay muchos turistas haciendo el safari… es un lujo total!

Retrato de un elefante.
La familia al completo.

Después del safari y con la emoción de haber estado a pocos metros del mayor animal terrestre y compartir su espacio decidí volver a Sigiriya para pasear por los jardines y después de la comida subir a la otra roca de la que os hablaba antes, Pidurangala.

El trayecto es aproximado de 3 kms desde Sigiriya y está perfectamente marcado, puedes ir andando como yo hice (con agua por supuesto) o alquilar un tuc-tuc. Para ascender lo primero que hay que tener en cuenta es que hay que cruzar un templo ya que lo mismo que Sigiriya, Pidurangala es un lugar sagrado, abonar la entrada que es alrededor de 500 LKR y quitarte los zapatos, aparte de que me requisaron el drone…con el que pretendía grabar una secuencia desde una roca a la otra por encima de la selva, pero fui incapaz de convencerlos para que me dejaran subirlo.

Detalle de Sigiriya desde Pidurangala rock y el atasco de gente intentando subir y bajar.

El camino es otra vez de no sé cuantos cientos de escaleras, más asequible físicamente que subir a Sigiriya, pero cuando llegas casi a la cima de repente el camino desaparece y toca escalar entre las rocas, yo me encontré aquello más atascado que la autovía de Extremadura en el puente de los Santos, gente que subía, otros bajaban, algunos en chanclas, otros descalzos…un caos! El caso que me colé como pude para no esperar y conseguí llegar a la cumbre.

En este caso la cima es una esplanada enorme de roca pero sin restos arqueológicos y de nuevo las vistas te dejan sin respiración, la selva, los lagos, las montañas a lo lejos…y lo mejor, que en Sigiriya se veía un atasco enorme de gente intentando subir…y realmente me alegré de no verme en esa situación porque no se disfruta igual.

Vistas desde lo alto de Pidurangala Rock.

Después de explorar bien cada rincón de la cima y de hacer varias fotos tocaba bajar, en el horizonte se divisaban unas nubes no muy amistosas…y así fue, mientras recuperaba líquidos en una tienda al lado del camino apareció una chiquita que también marcaría el resto del viaje.

Mientras se comía un helado de chocolate empezamos a comentar y compartir información sobre el país, ruta etc. Todo en inglés cuando de repente dijo… por qué hablamos en inglés si tu acento me resulta familiar…y efectivamente, desde Argentina vía Australia había aterrizado en Sri Lanka un mes atrás y llevaba recorriendo parte de la isla.

A los 5 minutos el cielo empezó a descargar agua como si no hubiera un mañana y tuvimos que salir huyendo con tan buena suerte que vi una portera de lo que parecía ser una escuela abandonada, conseguí abrirla y nos refugiamos durante un rato, lo suficiente para que me contara el motivo de su viaje y que realmente me sorprendió.

Mientras esperábamos a que dejara de jarrear agua estuvimos intercambiando impresiones y experiencias pasadas pero para mí lo más interesante resultó ser que llevaba cosa de un mes recorriendo el país, que había estado trabajando en el diseño y la pintura de un mural y que su plan a corto plazo era seguir recorriendo la isla pero que después viajaría durante 4 meses por distintos países de África.

Aquí os dejo el enlace de Instagram lulilarti donde podéis encontrar algún vídeo con el proceso de creación de sus obras y si os parece bien incluso podéis contratar su talento, estoy seguro que no os va a defraudar.

Monjes estudiantes budistas en lo alto de Sigiriya.

Pasado un buen rato y viendo que el agua no dejaba de caer y que ya empezaba a anochecer nos arriesgamos a buscar un tuc-tuc que nos llevar al pueblo de vuelta y aquello parecía un rally, llegamos a pasar miedo, el chaval que conducía estaba borracho, añadido a que, cuando llevan chicas guapas se vienen arriba, que todo estaba lleno de barro y resbaladizo en uno de los giros…y por escasos centímetros y con mucha suerte casi no acabamos encima del capó de un todoterreno.  Pero bueno…batalla superada.

Y después de todo esto nos despedimos por primera vez… Luli tenía que coger un bus hasta Dambulla y de ahí continuar hasta Kandy, en mi caso volví al hotel y allí me esperaba la siguiente parte de la ruta, me tenían organizado los 5 días siguientes del viaje en un viaje a medida que a la postre sería la mejor decisión que pude tomar ya que el hecho de tener tiempo limitado en las vacaciones prefería aprovechar al máximo en lugar de pasar horas entre buses y trenes…que es más auténtico pero menos práctico cuando sólo tienes 10 días.

Por ese motivo, como dije antes, en caso de ir con tiempo limitado como es la mayoría de los casos, recomiendo 100% acudir a este alojamiento y pedir, que en función de las prioridades, objetivos de lugares a visitar os organicen un viaje a medida por un precio que jamás podríais imaginar.

En mi caso os dejo una foto de la factura de lo que pagué y lo que incluía en moneda local, para que os hagáis a la idea, insisto en que fue la mejor decisión que pude tomar.

Aquí doy por finalizada la primera parte de esta fantástica aventura.

Si necesitáis gestionar visados para Sri Lanka o cualquier otro país os recomiendo iVisa, una empresa especializada que ofrece todo tipo de servicios, asesoramiento y el mejor precio. Yo la descubrí demasiado tarde, de lo contrario no hubiese pagado sin darme cuenta 45 euros de más, pero la próxima vez no me vuelve a pasar!

Video montaje resumen del viaje:

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