Aventura en el desierto de Uzbekistán

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Antes de viajar a un país extranjero es fundamental documentarse e informarse de lo que te puedes encontrar, en mi caso he tenido la suerte de rodearme de especialistas como Miquel Silvestre, presentador del programa de la 2 “Diario de un nómada” y escritor de 4 libros en los que cuenta sus experiencias y recomendaciones sobre viajes, entre otras cosas, tiene el mérito de ser el primer español en llegar a Filipinas en moto.

Hay una frase que le he oído decir varias veces y se me ha quedado grabada, dice: “La aventura es la aventura y quien no la quiera que se quede en casa”.

En nuestro camino y etapas a lo largo de Uzbekistán, desde Bukhara a Khiva, alrededor de 460 kms y 7 horas de trayecto, sabíamos que gran parte del recorrido iba a ser a través el desierto de Kyzil-kum (arena roja en uzbeko)  por los mismos pasos que las antiguas caravanas de la ruta de la seda.

Cuando salimos de Bukhara nos recomendaron ir siempre con el depósito de gasolina lleno, pues bien, los cálculos que hice aproximados era que con un poco más de medio depósito casi podríamos llegar a destino y que muy malo habría de ser no encontrarnos con ninguna gasolinera para repostar.

A medida que pasaban los kms el paisaje iba cambiando, dejamos atrás los verdes y fértiles valles cercanos a Bukhara en los que estaban en plena campaña de recogida de melón y sandia para adentrarnos en el desierto. Por cierto, buenísimos!

Kms y kms de rectas infinitas, a ambos lados sólo se veían piedras y arena, sin apenas vegetación, ni animales, ni carteles que avisaban de la distancia del siguiente pueblo, camiones Kamaz rusos tirados por averías, restos de neumáticos reventados, algún que otro coche abandonado en la cuneta y el depósito de la gasolina que empezaba a bajar, sin cobertura para buscar información… hasta que, de repente,  al otro lado de la carretera vimos una gasolinera y pensé, nuestra salvación, dimos la vuelta pero… error fatal, era una estación de repostaje de gas, propano y metano, menuda decepción! Uzbekistán es uno de los mayores productores de gas del mundo y la mayoría de los coches se mueven con este tipo de combustible.

Allí había un grupo de paisanos que probablemente estarían esperando a un bus y me dirigí a ellos para preguntar por el benzin, así llaman a la gasolina 95-98 octanos, la comunicación no era fácil, porque ni yo sé uzbeko y ni ellos inglés…el caso que entendí que 100kms hacia atrás de donde veníamos había una gasolinera…no me lo creí porque la habría visto y lógicamente hubiéramos parado a repostar.

La decisión fue seguir adelante y jugárnosla, era el momento de poner punto muerto en cuanto la pendiente de la carretera nos era un poco favorable, de quitar el aire acondicionado, de bajar las ventanillas para no asfixiarnos…porque además tampoco nos quedaba agua!!!

La luz de la reserva seguía parpadeando, 20 minutos después, de repente en lo alto al otro lado de la autovía a lo lejos vemos lo que podría ser una gasolinera y efectivamente, dimos de nuevo la vuelta y al parar…los surtidores tenían pinta de no haber sido utilizado desde la época comunista, y allí vi a dos autóctonos con garrafas como las del agua mineral pero de gasolina! Ahora tocaba negociar y medio tarifar…y pagar el litro a precio de lagrimas de unicornio, pero era nuestra última esperanza.

La pareja de dependientes, por llamarlos de alguna manera, era un señor mayor de aproximadamente 60 años y uno joven, acordamos 20 litros para asegurarnos de llegar a la siguiente gasolinera, los cuales pagamos pero finalmente sólo nos echaron 10. eso sí, como ya habían cobrado todo se negaron a darnos la vuelta, pero después de tanta incertidumbre…ni era el sitio ni el momento como para ponerte a reclamar ni a discutir.

A pesar de todo encima podíamos estar contentos porque por lo menos para unos 140 kms tendríamos y malo sería ya que no volviéramos a encontrarnos con una gasolinera.

Efectivamente, al poco rato de esto el paisaje volvía a cambiar y empezamos a encontrar las primeras pruebas de vuelta a la civilización, dejábamos atrás el desierto y empezaba de nuevo en este caso extensos campos de maíz y viviendas a los lados de la carretera.

Cosas del destino, una vez que llegamos a Khiva, ya sí con el depósito lleno, al día siguiente mientras visitábamos la ciudad y sus museos…sorpresa!

En uno de ellos se cruzaron las miradas de mi amiga con un paisano, quién era? Me dijo, mira mira ese… y ahí estaba… el joven gasolinero que nos engañó la tarde anterior, tan tranquilo y tan feliz disfrutando como uno más y vamos que si se acordaba de nosotros! Cuando le crucé la mirada y le negué con la cabeza como diciendo, no no, así no está bien que se hagan las cosas, lo entendió, el lenguaje corporal no falla, cogió se dió la vuelta, agachó la cabeza y desapareció.

Al final, qué conclusión sacamos de todo? Pues que si te dicen que llenes el depósito lo llenes y que a pesar de que la gente se aproveche de la necesidad de otros, como era nuestro caso…tenemos que estar agradecidos a esos 10 litros de gasolina que nos permitieron llegar a destino y no quedarnos tirados en medio del desierto.

Así que ya sabéis, la aventura es la aventura y el que no quiera que se quede en casa!

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