Ghana, la costa de los esclavos

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Hay una parte de los viajes en los que no todo es alegría y disfrutar, el hecho de conocer la historia y recordarla a veces te puede provocar situaciones bastante tristes como la que viví hace unos años en mi primera visita a Ghana. Por una vez me alegré de que mi nivel de inglés no fuera tan bueno como para enterarme de cada uno de los detalles que el guía contaba sobre las condiciones en las que vivieron los esclavos y esclavas.

Fuerte de Cape Coast.

Fuerte de Cape Coast.

Es bajo mi punto de vista, una de las épocas más oscuras, olvidadas y lamentables de la historia de la humanidad , que a día de hoy, arrastra lo peor de las leyendas negras de países como Inglaterra, Portugal, Holanda y algunos otros.

A lo largo de todo lo que se considera la Gold Coast africana, en el actual golfo de Guinea, comprende los países de Costa de Marfil, Togo, Benín, Ghana durante los siglos XVII-XVIII y bien entrado el XIX, esta parte del mundo, además de llamarse la costa del oro también fue conocida como la costa de los esclavos.

Castillo de Elmina.

Castillo de Elmina.

Desde aquí partían barcos repletos de esclavos, aquellos que conseguían sobrevivir a las duras condiciones de hacinamiento, calor, humedad, falta de luz, comida, de falta de oxígeno en las que se vivían en estas construcciones diseñadas para este fin.

Portugueses, holandeses, ingleses y franceses fueron responsables de una de las mayores tragedias humanas y menos recordadas de la historia, el tráfico indiscriminado de seres humanos, esclavizando etnias enteras, encarcelándolos en las peores condiciones que se puedan imaginar y posteriormente, los que conseguían sobrevivir, trasladados para ser utilizados para los trabajos más duros e insalubres.

El fuerte de Cape Coast, a unos 120 kms al sur de la capital de Ghana Accra te permite vivir en primera persona cómo fue utilizado para estos fines y en cierta medida revivir esas condiciones, pero también conocer la otra parte, la de los traficantes y esclavizadores, la zona en la que vivían los soldados, oficiales y autoridades encargadas de gestionar el fuerte.

Grilletes y cadenas usados para los esclavos.

La entrada a pie de calle dirige al patio de caballos donde actualmente hay un pequeño mercado en el que puedes comprar artesanía local, ropa, regalos y demás souvenirs, de ahí pasando por una zona abovedada llegamos al patio central, protegido por decenas de cañones y desde donde se accede al resto de dependencias, en la zona alta estaba el acuartelamiento de los soldados, hoy reconvertido en sala de arte, y el hogar del jefe del destacamento y oficiales de alto rango, todo ello protegido por varias puertas y garitas que evitaban cualquier tipo de contacto físico entre los esclavos y los oficiales, todo pensado con la intención de no ser contagiados por enfermedades, virus etc.

Desde el patio se accedía a 2 mazmorras, mujeres y hombres estaban separados, en la celda de los hombres, de unos 40 o 50 m2 y solamente iluminada por una pequeña ventana de tamaño ínfimo intentaban sobrevivir hacinados sin apenas espacio para moverse, sin ninguna garantía de higiene o salud y la comida era lanzada desde arriba una vez al día como quien echa de comer a los animales.

Lo mismo ocurría con las mujeres, la celda era aún más pequeña, a lo que hay que añadir un desagravio aún mayor, a las mujeres embarazadas que allí tenían a sus hijos durante la estancia, el recién nacido era directamente despojado de su madre y lanzado al mar.

En el caso de que hubiera algún tipo de rebelión o intento de agresión existía la celda de castigo, allí eran llevados los que intentaban sublevarse y en no más de 20 minutos debido a las condiciones de calor, humedad, falta de oxígeno, era imposible sobrevivir.

A nosotros nos hicieron una pequeña demostración, durante un minuto permanecimos encerrados y os puedo asegurar que se hizo eterno y que puedes llegar a sentir que si se alargara en el tiempo no tendrías ninguna opción de superarlo con vida.

Después de todo esto, los que seguían con vida, que no era más de un 10 o 15%, les esperaba la segunda parte de la tortura, el viaje de destino, una vez cruzaban la puerta “door of not return”, nuevamente eran hacinados en barcos para transportarlos a los países y los mercados de venta, todos sabían que jamás volverían y muchos que ni siquiera llegarían vivos.

Puerta de no retorno.

En esa época ya se racionalizaba el espacio para ser colocados de tal manera que pudieran llenarlos al máximo y ocupando lo mínimo posible. Durante el trayecto muchos de ellos morían y eran directamente lanzados al mar y aquellos que conseguían llegar eran trasladados a los mercados para ser vendidos y posteriormente explotados de por vida.

Al igual que existía la puerta de no retorno, una vez cruzada, desde las rocas del mar donde atracaban los barcos si mirabas hacia atrás se podía leer “door of return”, conseguí entender al guía que sólo una vez se pudo abrir esa puerta en la dirección contraria, uno de los esclavos consiguió volver a su país como ciudadano libre y a modo de homenaje hizo el camino contrario recordando a todos los que no pudieron hacerlo.

Puerta de retorno.

Afortunadamente esta época está superada y a pesar de que la historia no se puede borrar a día de hoy hay cosas muy interesantes y atractivas en los alrededores, como por ejemplo una ONG que se dedica a recoger niños sin hogar, regenta un hotel-restaurante vegetariano y una tienda que ofrece unos increíbles menús y zumos de frutas, de los mejores que he probado en mi vida, aparte puedes alojarte en sus habitaciones decoradas con el típico estilo étnico africano, de esta forma contribuyes con el sostenimiento de este magnífico proyecto, aquí os dejo el enlace.

Puerto de pescadores de Elmina.

Y luego también merece la pena dar un paseo por la playa en la que encontrarás a los pescadores recogiendo las capturas del día y por qué no, si hay suerte encontrarte con artistas como los que os muestro en las fotos, un grupo de chavales bailando y haciendo ejercicios de malabares que sinceramente me dejaron sin palabras.

¿Cómo puede ser que haya tanto talento desaprovechado?

¿Quién y cómo han enseñado a estos adolescentes, algunos casi niños a hacer este tipo de malabares?

¿Por qué nadie se preocupa en darles una oportunidad?

El hecho de acabar el post de esta manera nos da la esperanza y confianza de que haya un futuro mejor, de que no se repitan los errores del pasado y de que la alegría que transmite esta gente se sobreponga por encima de todos los problemas y limitaciones que sufren, merecen una oportunidad y que no caigan en el olvido.

Aquí os dejo un vídeo que me hizo por sorpresa uno de mis amigos de Cape Coast mientras visitábamos el fuerte y la parte más alta de la ciudad con su torre de vigilancia:

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