Han pasado 8 años desde la primera edición de los juegos nómadas a la que asistí allá por 2018 también en Kirguistán y esta vez toca pisar los mismos terrenos no sin ser consciente de la evolución que ha tenido el evento.
De momento he asistido a 4 eventos, después de Kirguistán venía Turquía 2020 pero se coló en medio la pandemia que paralizó el mundo y se retrasó hasta el 2022, lo siguiente fue en 2024 Kazajstán, vivimos la evolución de un desconocimiento casi occidental en todos estos años y que poco a poco se fue expandiendo gracias a la mayor participación de países y atletas, de cobertura mediática y como no, las redes sociales.

El evento de este año no ha sido algo al azar, la ceremonia de inauguración también ha coincidido con la inauguración del Bishkek Arena, un edificio multiusos para grandes actos y eventos deportivos con diseño inspirado en las tradicionales yurtas kirguís, toda una declaración de intenciones del gobierno de cual es la estrategia a la que se enfrenta el país en los próximos años.
Lunes 31 de agosto, día nacional de la independencia de Kirguistán, inauguración de los Juegos Mundiales Nómadas y cumbre de la Organización de Cooperación Asia-Pacífico (OCS) con la asistencia de todos los grandes líderes regionales, el presidente de la ONU Antonio Guterres, Xi Jinping, Vladímir Putin, Narendra Modi, Recep Tayyip Erdogan, Aleksandr Lukashenko y Masoud Pezeshkian.

Tal concentración de líderes mundiales iba acorde con la seguridad esos días en la capital, policías cada 10 metros, centro bloqueado al tráfico, despliegue del ejército, paracaidistas, boinas verdes…y lo que no podemos identificar de policía secreta, pero se intuía.

La ceremonia comenzó con el desfile de los 108 países participantes y la asistencia de dichos líderes excepto Xi que tuvo que marchar, todos los que estábamos acreditados como prensa nos desalojaron de la zona habilitada por cuestiones de seguridad ya que ese rato sólo se permitía retransmitir imágenes de la cadena oficial y tuvimos que verlo por pantallas, pero también tuvimos la suerte de que todos los que desfilaron tenían que pasar por donde estábamos para ocupar su lugar en el pabellón y poder ver lo que restaba de ceremonia.

El espectáculo de luz y sonido que tenían preparado fue espectacular, nada que envidiar a un mundial de futbol o juegos olímpicos, comenzó con imágenes de los dos animales que representan Kirguistán, el águila real y el leopardo de las nieves simulando que entraban al estadio desde el exterior y posteriormente diferentes shows de música, danza, de acrobacias destacando uno de ellos en el que 300 caballos giraban alternos en círculos alrededor de un grupo de bailarines vestidos con la ropa tradicional.


El evento acabó con un gran espectáculo de fuegos artificiales.
Al día siguiente tocaba trasladarse hasta Cholpon Ata a orillas del lago Yssyk kul donde estaban alojados los atletas y se celebraban algunas de las pruebas, como lucha, juegos de estrategia ancestrales pero también el deporte nacional el kok boru y kok par que en la final enfrentó a las dos grandes potencias Kirguistán y Kazajstán, el resto de actividades se trasladaban al valle de Kyrchyn a unos 40 kms en medio de un valle entre montañas, en el mismo lugar que se celebraron en 2018 cuando fue por primera vez, tiro con arco, tiro con arco a caballo, carreras de perros, cetrería…y lo mejor de todo, la recreación de un poblado medieval en adobe, dos recintos amurallados con sus calles, su plaza central, uno dedicado a zona de comida y el otro convertido en mercado.


Aparte cada una de las provincias del país tenía su zona con las yurtas, animales y a lo largo del día hacían representaciones típicas por ejemplo de bautizos, pedidas de mano, boda…todo ello con su grupo de música, su ropa tradicional, desde bebés hasta los viejos patriarcas.



España por segunda vez ha participado en un evento de estas características después de la buena experiencia de hace dos años en Kazajstán que incluso rozó la medalla, este año de nuevo unos 40 participantes llegados de diferentes puntos del país participaron en disciplinas como tiro con arco, tiro con arco a caballo, cetrería con halcón y águila real y lo bueno es que aquí sí se consiguieron dos medallas, la primera de la historia la consiguió Arnau Hellín de Barcelona que consiguió el bronce en arm wrestling (lucha de brazos) y el equipo de toguz korgool (juego de mesa de origen túrquico con más de 3000 años de historia y reconocido por la UNESCO) consiguió otra medalla de bronce.


De los más de 100 países participantes solo 29 obtuvieron medalla y es de valorar que un pais como España tan, en teoria, alejado de la cultura y tradición nómada en su segunda participación ya haya conseguido inaugurar el medallero.






El cierre del eventó y clausura fue en el hipódromo de Cholpon Ata y me recordó muchísimo a lo que fue la ceremonia de inauguración 8 años atrás, más de 4 horas de espectáculo, desfile militar y lo más importante el relevo para la siguiente edición de 2028 que se celebrará en Rusia, concretamente en Kazán en la región de Tatarstán.




Lo que empezó como una celebración íntima en 2014 con sólo 19 países y 580 atletas bajo la idea de preservar y revivir las tradiciones culturales de los deportes étnicos de Asia central frente a la globalización imperante que todo lo absorbe y anula, nos marca el termómetro y el camino que esta parte del mundo ya ha decidido para contrarrestar, defender y consolidar una forma de vida real, auténtica y alejada de la vida digital tecnológica… es imparable.

¿Volveremos a vernos en Rusia en 2028?
Aquí os dejo un maravilloso vídeo de un compañero de prensa en el que muestra los principios y valores por los que se identifican los juegos mundiales nómadas.




