Séptimo viaje a Kirguistán con motivo de la celebración de los VI World Nomad Games y aprovechamos los días libres para compartir el tiempo con alguna familia de nómadas.

Es 27 de agosto y viajamos hasta Kyzyl-oi desde el lago Son Kol, una pequeña aldea enclavada entre cañones y gargantas alimentadas por glaciares a orillas del río Kokemeren que a su vez desemboca en el rio Naryn, fundamental para la agricultura y la producción eléctrica aguas abajo hasta llegar a Uzbekistán.

A lo largo del camino se podía ver a ambos lados de la carretera bastantes asentamientos de nómadas que suben con su ganado en primavera y permanecen allí hasta finales de agosto cuando poco a poco empiezan a desmontar sus tiendas y vuelven con su ganado en la trashumancia de otoño a las granjas de los pueblos donde poder pasar el invierno.
Al día siguiente el objetivo era encontrar un campamento de yurtas en el desfiladero de la carretera que llega a Toktogul, allí nos había indicado mi amigo Munarbek que nos esperaría la familia de Yrys, traducido al castellano sería algo parecido a felicidad o buena suerte, que nos acogerían para al día siguiente hacer una ruta a caballo y localizar las manadas de la raza chaar appaloosa ancestral de Kirguistán que pastan en lo alto de las montañas.

La instalación del campamento a orillas de la carretera que baja a Toktogul constaba de 4 yurtas, 3 para la familia y una para huéspedes, aparte de una zona anexa de despensa con gallinero, ovejas y caballos, también pasaba al lado un arroyo en el que recogían el agua para consumo y lavar la ropa mientras que los pocos arbustos que crecen se usaban para secar la ropa.

Lo más curioso de todo fue encontrar un carnero de raza arashan, raza típica de Kirguistán, una de las más grandes que existen y que se diferencia por tener en la parte de atrás bolas de grasa que les sirven como reserva de energía para pasar el invierno, aparte de su gran tamaño también hay un mercado en el que son muy valorados estos ejemplares y se llega a pagar fortunas por los sementales. El gobierno de Kirguistán tiene prohibido la exportación de esta raza.

Una vez instalados en el campamento y después de cenar platos tradicionales fuimos a dormir a la yurta donde nos habían preparado una cama en el suelo formada por mantas típicas, lo que parecía ser una noche tranquila para descansar en medio de las montañas acabó a las 4 de la mañana cuando el gallo a una velocidad media de crucero de 4 veces por minuto empezó a cantar y ya no hubo forma de volver a dormir.

Por la mañana y después de un buen desayuno típico kirguís a base una especie de té, una especie de buñuelos con mantequilla natural, mermelada de arándanos y de melocotón y huevos fritos nos montamos a los caballos que nos tenían preparados y comenzamos la ruta hacia lo alto de las montañas. ( Yrys se comió una torre de por lo menos 8 huevos, uno encima del otro…así pasó que no tuvo hambre en todo el día)
El camino empezó nada más cruzar la carretera, calculo que estábamos a unos 2500 metros sobre el nivel del mar y se veían a los primeros pastores desmontando sus yurtas y campamentos para ir poco a poco regresando a la ciudad.
A las dos horas seguíamos subiendo y como no hay aventura sin incidentes mi caballo se espantó, salió desbocado y como no pude sujetarle me tiré al suelo pero me quedé enganchado de la bota derecha del estribo y me arrastró varios metros colgado…no sé qué Dios hay en Kirguistán que me protege porque no me pasó nada, si eso lo hace más arriba hubiéramos tenido un serio problema porque el suelo en lugar de ser hierba era pura piedra y además con barrancos de más de 30 metros de caída.
Durante la ascensión nos encontramos con algunos pastores, todos conocidos y vecinos de nuestro guía, no sé de qué hablaban pero seguro que algo tenían entre manos porque a las 6 horas de ruta nos cruzó a otro valle y nos dejó solos durante casi 2 horas con sus perros, él se bajó y le perdimos de vista, yo le dije que si andaba de furtiveo o si tenía cámaras para localizar algún animal salvaje, supongo que Ibex pero también podría ser lobo, chacal, ciervos…
Nuestro objetivo era localizar las manadas de caballos appaloosa que estaban pastando en los prados de alta montaña y aprovechar la ruta para mejorar su dieta con piedras de sal que Yrys llevaba en sus alforjas.

La primera de las manadas que encontramos era la de Tan Suluu que estaba mezclada con caballos de otro dueño y es curioso como en cuanto los silbó se apartaron y se quedaron completamente separados, en cuanto el semental acudió a la llamada.

Media hora después y subiendo más arriba apareció la manada de Char Suluu que es el caballo insignia del proyecto de recuperación de esta raza autóctona de las montañas de Kirguistán y figura clave porque es el primero del árbol genealógico del que proceden el resto de miembros.

Y por último ya en lo alto de la montaña y casi a 4000 metros nos encontramos con la manada de Charlie, uno de los jóvenes sementales que pude reconocer porque le había fotografiado cuando era un potro en la granja.

Allí arriba nos volvimos a encontrar con otro grupo de pastores que habian dejado un burro atado a una piedra y fue cuando cruzamos al otro valle donde comimos y nos echamos la siesta mientras Yrys estaba a sus tareas.
Ahora tocaba volver y he de reconocer que después de tanto rato sin estar acostumbrado a montar a caballo y más por esos terrenos que en algunos puntos podían ser mortales en caso de accidente la cosa se complicó, menos mal que los caballos, que también eran appaloosa de las manadas que buscábamos, parecía que tenían gps y casi no hacía falta dirigirles.

A medida que íbamos llegando al campamento en cuanto los caballos tenían un poco el terreno favorable empezaban a trotar pero después de tantas horas mi culo no estaba ya para mucho traqueteo y los tenia que sujetar, vamos, que yo tenía ganas de llegar pero estoy seguro que ellos tenían más.
Y así sobrevivimos a una ruta a caballo única y diferente que en Kirguistán pocas veces puedes hacer porque está fuera totalmente del circuito turístico que es lo que buscamos.
Gracias a Munarbek por haber gestionado la aventura y espero que este texto sirva para dar a conocer su proyecto y mucha más gente se una a él.
Podéis encontrar toda la información del proyecto y colaborar en este enlace:
The Chaar horse of Kyrgyzstan — International Chaar Appaloosa Horse Association




